Las Bodas de Invierno

Ahorrarse un dinerito gracias a la época es una de las razones que más enumeran los novios que deciden casarse en las estaciones de otoño o invierno. Unos meses que tienen su magia sobre todo si se organiza teniendo en cuenta las características de la temporada. Las bodas de invierno son particularmente  populares fuera de nuestras fronteras,  aunque cada vez van captando más seguidores entre las parejas españolas. Los fotógrafos lo agradecen: en este periodo del año, el sol refleja en un ángulo menor que durante el verano, dando como resultado fotos más bonitas. Las bodas fuera de invierno también las agradecen los invitados: a lo mejor no a la hora de elegir el traje o vestido más apropiados, pero sí a la hora de recordar nuestro día. Un enlace en pleno diciembre no se olvida tan simplemente como uno celebrado en un mes de junio. Asimismo, las bodas realizadas en otoño e invierno cuentan con el complemento de colocar al alcance de la pareja un sinfín de posibilidades tanto a la hora de elegir dónde casarse, así como el lugar para celebrar el banquete. A la hora de elegir la decoración, la naturaleza juega un papel esencial, fundamentalmente en las bodas de septiembre a noviembre, cuando el calor del sol aún admite deleitarse del exterior, especialmente si las puedes celebrar a orilla de la playa como en nuestro caso. Aprovecha las gamas de colores disponibles (ocres, dorados y nácar, además de las gamas de verdes y rojos), y no pierdas de vista la oferta gastronómica de la época, elaborando un menú en el que abunden la los pescados al horno, que aquí en las costas mediterráneas tenemos muy buenos, las cremas calentitas y las guarniciones con verduras y hortalizas propias de la estación. Castañas, boniatos, calabaza, patata… llenos de sabor y también de color. A la hora de sustituir la escasez de horas de sol, es significativo reforzar la luz del área con otras fuentes de luz natural, como velas y candiles, que pueden formar parte de los centros de mesa. Finaliza con plantas de hoja persistente, semillas o frutos silvestres. El detalle final, y uno de los más importantes: el vestido de la novia, preferiblemente de manga larga -anotate a la moda del vestido t-shirt para asegurarte un look diez de lo más calentito-, junto a los accesorios de invierno, como estolas o chales de plumas. Importante, eso sí, desechar del velo largo, para evitar bregar con él si se presenta lluvia o nieve: apuesta por las diademas de joyería, los tocados o los velos de estilo fifties.

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